viernes, 18 de diciembre de 2009

La una y dos colgando: Bañuelos, Adame, Illescas

Por Orlando Guillén

1

Se ha cumplido un sexenio desde que con el título hoy a está nota epónimo di a conocer un panfleto pan de flato. A la anécdota que sigue le dio el aire: no tenía dineros para regresar a Barcelona y decidí participar en un concurso de poesía dotado con una talega para el caso suficiente. La una y dos colgando fueron jurados de ese premio. La manera que encontraron de no dármelo fue recomendar mi libro para su publicación. Demandé a la institución convocante por cuanto a la luz del día había ofrecido un jurado integrado por poetas y en la noche oscura lo integró por charlatanes y medianías fársicas. Incluso a riesgo de incurrir en la obviedad, demostré intelectual del jurado. Y por otros medios entre los cuales la boca de Angulo prestigiárame volví al puerto y aeropuerto donde me reclamaban mi novia y mi hijo entre la humazón y la zarza ardiendo.

La demanda no prosperó porque en México la justicia no hace caudal más que la caja. Y como en tanto tiempo perdido las cosas no han cambiando, estas líneas no llevan el propósito de actualizarla sino en ya se verá con paciencia y salivita.

En mi ausencia los mariachis callaron pero Bañuelos no. A Bañuelos se le ocurrió justificarse diciendo que a él no le bastaba con la influencia de un poeta: él “quería ser” Milosz. Ni más ni menos mal que no “quiso ser” William Shakespeare. El subrayado es suyo, y de él yo paso. Y como es de averiguada sabandija subconsciente que el ladrón cogido en flagrancia da por pericia al inopinado Testigo, Bañuelos no hace la excepción, y, así, me tilda de policía.

Más ya vino al que andaba ausente, y entonces pues saltan al alba estos párrafos para topar ese agravio.

En todo escriben muy vicioso –apunta- a entrando con calzador histórico Bernal Díaz del Castillo hasta el quinto patio de la página.

¿Y para qué yo meto tanto la pluma encontrar cada cosa por sí, que es gestar papel tinta?

Tal inocula la pregunta y dispónese a hurgares con buen viento el soldado de plomo de ballesta, al modo que la sombra suele: a contraluz y arrastrando las de andar.

Mas rezagándose el fantasma bemaldino provee la respuesta y de paso vindica la intención del opusculero: porque la verdadera policía y agraciado componer es decir verdad en lo que he escrito.

Y como muestra reproduciré íntegro el apartado que del flatulento pan primigenio Bañuelos mereciera.

Y aprovechando el viaje repondré una omisión (atribuible a las duendejadas del duendejo célebre de la errata) que ponía a Illescas a resguardo de una bien ganada burla.

Y entre veras y burlas asimismo omitiré todo lo que es paja ya de aquel libelo, incluido Adame –de quien no hay nuevo que decir, salvo que puede vérsele con la bolsa del mercado en la mano mercando, precisamente mercando en reputado zoco de valores culturales.

Por todo lo expuesto, remito a la lectoriza de esta verdadera historia a la emisión original de La una y dos colgando (ediciones La Prosa, colección Armaño, México, 1984), y más pues que la presente nota dibuja los perfiles de una improbable edición definitiva.

Y ahora, compermiso: voy al bañuelos.

II

Si la fama pública fuera el criterio para validar el prestigio y la condición de poeta de alguien, Juan Bañuelos fuera un poeta prestigiado. Yo voy a demostrar aquí que amasó esa fortuna arbitraria con el oro poético de os demás. Inminencia y eminencia: voy a demostrar entonces que el de este ciudadano es un falso prestigio.

La historia de Bañuelos es una larga historia de infamias. Su primer libro. Puertas del mundo (volumen colectivo La espiga amotinada, Fondo de Cultura Económica, México, 1960) se alza poético como resultado del saqueo y la usura sistemáticos contra el poeta lituano Oscar Wladislas de Lubicz Milosz (1877-1939). En 1959 había aparecido como pan fresco en Buenos Aires, Argentina, en la colección Los poetas (dirigida por Aldo Pellegrini) de la Compañía General Fabril Editora, la Antología poética de Milosz, en versión de Lysandro Z.D. Galtier, miembro fundador de la Asociation Les Amis de Milosz. Las citas de página corresponderán para Bañuelos a la primera edición; para Milosz, a la segunda (1961).

Bañuelos, p. 42:

Y me hallé solo en la mansión que tú no conociste.

allá en el fondo de los parques y los espesos bosques

donde las aves segadas por la aurora

cantaban quedamente el amor de los muertos más antiguos

sobre el rocío gris de la mañana.

Milosz, p. 70:

Y yo estaba solo en la mansión que tú no conociste.

la mansión de la infancia, la muda, la sombría mansión,

allá en el fondo de los espesos parques

donde el pájaro transido del amanecer que

damente cantaba por el amor de los muertos

muy antiguos,

sobre el rocío oscuro.

Bañuelos, p. 54;

¡Oh hambre eternidad!

Milosz, p. 44:

¡Oh lágrimas! ¡Oh hambre de eternidad!

¡Oh júbilo!

Bañuelos, p. 55:

yo no sé si noviembre sepulta el paisaje.

Claro que no. Quien lo sabía era Milosz

(p.19):

Noviembre sepulta el paisaje. Y mi vida.

Y sepulta también a los saqueadores de tumbas.

Un último ejemplo:

Bañuelos, p.56:

La rueda del pavor giró dentro de mí, la

locura sopló las velas del conocimiento y en

el último escalón, sudor de muro destitó mi

frente. Ahora vago sobre un planeta que ya

no reconozco.

Milosz, página 115/116/117:

Acabo de describir la ascensaión hacia el

Conocimiento (...)

¡Ascender primero –sacrílegamente- hasta

la más demente de las afirmaciones;

Y luego descender de escalón en escalón

(...)

Elevé sobre mi pecho el peso de la noche;

mi frente destiló un sudor de muro

Giré en torno de la rueda del pavor de los

que parten y regresan.

Tú me has hecho nacer en un mundo que ya

no te reconoce; sobre un planeta de hierro

y de arcilla, desnudo y frío.

Pero el asesino vuelve siempre al lugar crimen. Bañuelos cobró en 1968 el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes con Espejo humeante (Editorial Joaquín Mortiz, ese mismo año). Apretado entre los muertos que este libro despoja, Milosz se ve ahí también convocado, ilustre e ilustrativo sea este ejemplo (p.27):

allá en el fondo de los espesos bosques.

En 1968 igualmente, Bañuelos publicó (suplemento de la revista Siempre!, 13 de noviembre) No consta de actas (pero ahora sí va a constar), texto que comienza así:

¿Oh bebedor de la noche, ¿por qué te disfrazas

ahora?

Verso que, salvo ciegos, cualquier alfabeto con el hipérbaton en la mano puede leer literalmente en el Canto de nuestro señor el desollado bebedor de la noche (Xippe Totec Yahualtahuana) del volumen Poesía indígena. Vertida, seleccionada e introducida por Ángel María Garibay –publicado por la Biblioteca del Estudiante Universitario, Universidad Nacional Autónoma de México (p. 15 de tercera edición, 1962). De ahí y a mayor abundamiento, lo tomo para reproducir:

¿Oh bebedor de la noche, ¿por qué ahora te

disfrazas?

Pero el asesino vuelve siempre al lugar del crimen. El último libro publicado por Bañuelos es Destino arbitrario (título que a pesar de su fácil obviedad piconástica sustrae al francés Robert Desnos –si bien lo consigna epigráficamente en algún interior), ediciones Papeles Privados, México, 1982, Véase:

Bañuelos, p. 20:

y he visto el ojo de la mujer estéril buscando

con furor.

Bañuelos, p. 24:

No es el azar, en efecto; tampoco el tiempo

reunido como las vísceras bajo la mano del

carnicero.

No es el azar, en efecto; tampoco el tiempo: es Milosz, (p.126):

Todo, todo en mí era desgarramiento Como

las entrañas

bruscamente reunidas bajo la mano del

carnicero, todo

en mí era desgarramiento.

En efecto, digo, pero Milosz se defiende solo:

1) Los vocablos del lenguaje de los Aaroni-

tas son profanados por los niños mentiro-

sos y los poetas ignorantes. (p.114)

2) Los otros, ladrones de dolor y de

dicha, de ciencia y de dolor, nada compren-

derán de estas cosas. (p.111)

3) ¿Qué saben de mí estos castrados? Caro

les hago pagar el goce de mi perfume. (p. 45)

pero el asesino vuelve siempre al lugar del crimen. Bañuelos se abría de puertas al mundo bajo el siguiente epígrafe del Hölderlin (p.21):

¿Qué sería el cielo y que sería el mar

Y qué sería las islas y los astros y todo lo

que se halla

Ante los ojos de los hombres, y qué sería

también

Esta música muerta de la lira si yo no le

diese el sonido

Y el lenguaje y el alma? ¿Qué son

Los dioses y su espíritu, si yo

No los proclamo? Pues bien, decidme ¿quién

Soy yo?

En destino arbitrario (páginas 14/15) prefirió darlo por suyo:

que sería esa música

muerta del espacio

sino la tañe el tiempo?

Pero qué agua?

Pues bien

Que alguien me diga

Quién soy yo?

A pregunta brillante respuesta lúcida: un ladrón, un cazador agazapado e hipócrita de los cantos ajenos.

Pero para terminar, y dicho sea entre el smog del ser por el Espejo humeante (p.363):

¡Ah peste! En la quijada de un perro atrope-

llado

escribo: ¡Basta!

Guillén – Bañuelos: una historia pendiente

Por Evodio Escalante

Un molesto, un incisivo, un irreverente abejorro de la literatura mexicana. Quiero decir: de aquellas instancias o aquellos personajes que –en su opinión- están infestados con el gusano de la simulación, la mentira, la infatuación, la falta de autenticidad. Esto ha sido desde hace mucho el poeta Orlando Guillén. Son ya casi legendarias, por ejemplo, sus correrías en un festival internacional de poesía al que se le invitó acaso pensando que era un poeta como los demás, esto es, de corbata y modales aprendidos en manuales de urbanidad.

Llega a mis manos, con considerable retraso, un folleto mimeografiado que ha circulado marginalmente y que, por la seriedad de sus acusaciones, merecería ser discutido de una manera abierta, sin esconder barajas debajo de la mesa. Se trata de un texto titulado. La una y dos colgando, la parte legible de un alegato judicial en contra de la Universidad de Zacatecas que presentó Guillén a fines de 1983 por haber violado dicha casa de estudios las bases con que convocó a un concurso nacional de poesía. Si la demanda prosperó, esto ya no incumbe al meollo de la argumentación, a saber: una excelente diatriba contra los miembros del jurado calificador integrado por Carlos Illescas, Armando Adame y Juan Bañuelos.

Como la acusación contra Bañuelos es particularmente severa y en ella pretendo detenerme, adelanto que lo hago apegado a mis obligaciones de crítico literario y no para atacar de rebote a un poeta cuya labor estimo. Su labor y su persona: recientemente, al recibir el Premio Chiapas, Juan Bañuelos tuvo un gesto inusitado y que habla muy alto de su sentido moral: lo donó a una comunidad indígena. Dejo constancia de lo anterior y paso al asunto que me ocupa.

Guillén asegura que en varios libros de hay huellas de lo que puede ser entendido, sin más, como un plagio literario. Así, Puertas del mundo, su primera colección de poemas, no sería según Guillen, sino el “resultado del saqueo y la usura sistemáticos contra el poeta lituano Oscar Vladislas de Lubics Milosz”. No referiré aquí los ejemplos, aunque habría que advertir que las pruebas aportadas por Guillén no consisten en simples frases o renglones aislados, sino en estrofas enteras ligeramente adobadas o retocadas pero que en lo esencial repiten los hallazgos y las formas expresivas de Milosz. En Espejo humeante, obra premiada en Aguascalientes. Guillén vuelve a encontrar los préstamos al poeta lituano. Esto se debe, según la retórica de Guillén, a que “el asesino vuelve siempre al lugar del crimen”. Otro famoso texto de Bañuelos, No consta en actas, retoma expresiones de la poesía indígena tal y como la conocemos en traducciones de Ángel María Garibay. Por último, en Destino arbitrario (“título que sustrae al poeta francés Robert Desnos”), aparecen expresiones que pertenecen a un poema de Hölderlin que antes había utilizado él mismo en otro lugar como epígrafe.

En un número reciente de Plural (diciembre de 1986), dedicado justamente a celebrar los 25 años de La espina amotinada, Juan Bañuelos parece referirse a la acusación de su ex alumno Orlando Guillén. En entrevista concedida a Silvia Durán, asegura: “De pronto llega un policía y dice: Esta plagiando, Plagio. Como si la literatura en total no fuera el plagio universal”. Quién quiera creer, que crea. Si no, que acuda a la revista que menciono. Continúa Bañuelos: “Más que influencias (sic), yo me quería convertir en Saint John Perse, en Milosz, en los grandes poetas que han influido en mi. No solamente quería tener influencia, quería ser ellos”.

No sé qué opinará Guillén de que lo llamen policía, ni tampoco qué podría decir sobre esta manera de superar influencias a través de un procedimiento literal de transustanciación. Con todo, la idea de que la literatura misma, en su conjunto, no es sino el plagio universal, aunque hermosa, se antoja un poco exagerada en este contexto. Es cierto que la literatura implica una tradición un traer, un llevar, un acarrear de materiales de aquí para allá y viceversa. Creo de cualquier manera que estamos obligados a distinguir distintos tipos de acarreos. En este punto –me parece- la respuesta de Bañuelos peca por un exceso de generalidad. Es demasiado ambigua.

Sorprende, eso sí, la forma en que Bañuelos acepta la acusación. No sólo esto: de ir un poco más allá. No se trataría en este caso de una influencia, de una resonancia voluntaria o involuntaria, sino de una voluntad mimética firmemente asumida. Es decir, de la mimesis entendida como una técnica de transformación personal. No se pretende copiar a Milosz, se quiere ser Milosz, o Perse. O Valery. ¿Cuál es el impedimento? Quizás por esto Bañuelos no reproduce tanto líneas aisladas, sino estrofas enteras de los poetas en los que quiere convertirse. Así, ¿no ha hecho trizas a Guillén? Al llevar hasta un extremo absurdo el proceso de mimesis, ¿no ha hecho quedar en ridículo a su impugnador? ¿O se trata, por el contrario, de una aceptación tal de culpabilidad que entonces uno debiera preguntarse por qué el libro lleva la firma de Bañuelos y no la Milosz o la de Saint John Perse? Repito: la ingeniosa contestación de Bañuelos es en lo fundamental ambigua. No se detiene en lo concreto, que es a fin de cuentas lo que interesa. Estimo, por esto, que la confrontación Guillén-Bañuelos no ha sido dirimida. Como tantas otras cosas, es historia pendiente.

UnoMásUno, México, D. F., mayo 27 de 1986, p. 22

CORRESPONDENCIA

Bañuelos y Escalante: en el banquillo de los infrarrealistas

Señor director:

Resulta fácil, sin duda, etiquetar a los ausentes. Pero más aún darle la viada a los presentes, como no queriendo la cosa, sin arriesgar un ápice el currículum. Es lo que su colaborador Evodio Escalante hace con Orlando Guillén –poeta- y Juan Bañuelos en su artículo del 27 de mayo último.

Luego de clasificar a Guillén como “molesto abejorro de la literatura mexicana” (¿para quién?), Evodio Escalante (EE) de noticia del texto La una y dos colgando, escrito por Guillén para desvelar los fraudes que se estilan en los concursos de poesía y en las creaciones de quienes oficialmente son los “poetas mexicanos”.

EE cuenta lo que Orlando demuestra de Juan Bañuelos (JB): que su poesía no es tal, puesto que copia textos de otros poetas haciéndolos pasar por suyos. Sin embargo, EE se justifica: “Lo hago apegado a mis obligaciones de crítico literario” (¿quién le dio el título? ¿Acaso los que organiza los fraudes de los premios nacionales de poesía de Aguascalientes o Zacatecas, por ejemplo?) Y no sólo eso: justifica al propio JB: “Al recibir el Premio Chiapas –dice del autor de Espejo humeante- tuvo un gesto inusitado y que habla muy alto de su sentido moral (¡¡¡sic!!!): lo donó a una comunidad indígena”. Como si retribuir al pueblo chiapaneco lo que el gobierno estatal se apropia del mismo por la vía de la exacción más brutal fuera digno de elogio. “¡Valiente chingadera”, diría Pepe Revueltas.

Otra actitud –otros ojos y otra mano toman la medida- es la que el autodefinido crítico literario asumió contra el mismo Guillén cuando EE ocupó la dirección de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana. Estando en permanente huelga de hambre obligada –todo es mercancía y los alimentos se obtienen con dinero a menos que uno se meta de fardero-. Orlando se presentó en las burocráticas oficinas de Evodio para cobrar 6 mil pesos de una colaboración para esa casa de estudios. “Haz tu recibo mano”, le respondió el critico. Al fin, que las universidades casi todo lo pagan 20 meses después. La propuesta de Orlando, entonces, fue que Evodio la prestase dicha cantidad, puesto que el dinero lo necesitaba para comer, pero al contrario de Bañuelos con los indios de Chiapas. EE no “tuvo un gesto inusitado” que hablara “muy alto de su sentido morar” (¡¡¡recontrasic!!!), y lo mandó con los belgas.

Mas allí no termina el asunto. Tan bien asume EE sus “obligaciones de crítico” que en el artículo de marras le da la viada a Bañuelos Reproduce primero la desmemoriada falacia de JB para justificar sus plagios: “No solamente quería tener influencia de los grandes poetas, quería ser ellos”, para a continuación plantearse, presuntamente en serio (ojo siempre desde su posición de “crítico literario”), una tibia y mentirosa interrogante: ¿la voluntad mimética firmemente asumida autoriza o no a los plagiarios la influencia? Es obvio que no se trata aquí de carecterizar al personaje de Woody Allen en Zelig, que con menor fortuna es lo que pretendió hacer JB con Milozs.

De JB ni hablar: es un buscachambas dentro de la burocracia política-cultural del Estado (¿cuántos no?), rasgo que cínicamente comparte con los demás integrantes de La espina amotinada, cofradía y jugoso negocio gracias al cual estos señores se encumbraron, unos en las nubes de la izquierda domesticada, otros en los nichos que el poder gubernamental reserva para sus asesores y apagafuegos. Basta mirar los coágulos curriculares de Jaime Labastida, Oscar Oliva y Eraclio Zepeda para comprobar que el poder agradece, auspicia y da empleo a esa clase de opositores y críticos.

Pero Evodio, que asume así sus “obligaciones de crítico”, y en vez de descubrir verdaderamente al público la escoria que se produce diario en la República de las Letras Mexicana, le da la viada a quienes precisamente hacen que hieda la creación poética del país, no tiene con qué empuñar la pluma, salvo sus mancos brazos. Quizá por eso, se le ha puesto un apodo que ya se ha vuelto voz populi y que con toda seguridad él mismo conoce: El Bodrio Escalante.

Pedro D. Masson, Mario Santiago; Ramón Méndez y nueve firmas más, por la brigada infrarrealista La matanza de los inocentes.

UnoMásUno, México, D. F a sábado 5 de Julio de 1986.

BAÑUELOS (Y JAVIER SICILIA) DEBÍA RECORDAR LO SIGUIENTE:
Para escribir un solo verso, hay que haber visto muchas ciudades, muchoshombres y muchas cosas; hay que conocer a los animales, hay que habersentido el vuelo de los pájaros y saber qué movimientos hacen las flores alabrirse por la mañana. Hay que tener recuerdo de muchas noches de amor,todas distintas, de gritos de mujer con dolores de parto y de parturientas,ligeras, blancas y dormidas, volviéndose a cerrar. Y haber estado junto amoribundos, y al lado de un muerto, con la ventana abierta, por la quellegarán, de vez en cuando, los ruidos del exterior. Y tampoco basta contener recuerdos. Hay que saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tenerla inmensa paciencia de esperar a que vuelvan. Pues no sirven los recuerdos.Tienen que convertirse en sangre, mirada, gesto; y cuando ya no tienennombre, ni se distinguen de nosotros, entonces puede suceder que, en unmomento dado, brote de ellos la primera palabra de un verso. Rainer Maria Rilke


--- El dom 20-dic-09, Julio Serrano Castillejos escribió:

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Carner en la noche de San Juanby Orlando Guillén Wednesday, Jun. 24, 2009 at 5:43 AMfloresdeuxmal@yahoo.com.mx
De Josep Carner y los jóvenes universitarios a la noche carneriana de San Juan
Carner en la noche de San Juan Orlando Guillén UNO Con el título “«Bélgica», de Josep Carner” publiqué hace un par de días un texto que quien no lo haya leído puede encontrar aquí: http://andorra.indymedia.org/news/2009/06/32285.php relativo a la reacción de pánico que produjo (y que se tradujo en rechazo mayoritario) entre los jóvenes aspirantes a la condición de estudiantes universitarios en Cataluña, el mero hecho optativo de poder examinarse en lengua catalana sobre aquel poema clásico. En ese lugar de mi escritura ofrecí en desagravio el original y mi versión de tan bello y raro en su humana pureza ingenua objeto de arte verbal. De entre los correos que a propósito de este asunto he recibido, agradezco que me agradezcan el desagravio y haber compartido el poema carneriano a todos aquellos que se han ocupado de ello, y de manera particular a Tulio Mora, Jorge Lobillo y Neus Dalmau por razones de mi ámbito íntimo, y destaco y hago público el que me llega “del pueblo donde se enredó la madeja/ del hilo que yo soy” (diría otro autor extremo de la gran poesía catalana del siglo XX, Gabriel Ferrater), pues lo firma y ahonda en la cuestión un buen amigo de aquellos lares vivos, profesor de filosofía, ensayista a veces y hacedor de versos de diversa fortuna: Orlando: Supongo que algo está sucediendo en la educación y por consecuencia en el alma de cada joven. Viven a la deriva y en un mundo donde la superficialidad campea. Juegan a entrar a una universidad para ver si su estancia les quita lo menso por el sólo hecho de estar ahí. ¿Es el remedo de la cultura del hogar familiar o la impronta de una educación que ya dejó de ser lo que antes era y se ha convertido en un mecanicismo bestial, donde puede haber de todo, pero no reflexión sistemática y profunda? Ni en catalán ni en español, sea en Barcelona, Madrid, o México, el joven universitario de ahora puede ‘lucirse’ frente al conocimiento en general; mucho menos en la literatura o la filosofía (hay, desde luego, sus excepciones). La escuela ha fallado desde hace mucho, porque también han fallado los mentores. Especie rarísima es aquel profesor que se instruye y actualiza permanentemente. Conformes con el estatus que les dio haber conseguido una plaza, se pasan la vida repitiendo los mismos textos y el mismo método: el criterio de autoridad, antes que nada. No la libre discusión ni la formación de un criterio propio leyendo, comprendiendo y ampliando el mundo mediante la discusión y el análisis colectivo, ni apoyando esos razonamientos en autores que han hecho camino intelectual. La educación de ahora está casi igual como en los mejores tiempos del maestro tradicional: un viejo libro sobre un escritorio, una regla de madera dura y la repetición dogmática de conceptos, ideas, para luego vaciarlas en la memoria del niño/joven, como si aquella fuera un recipiente donde todo hay que depositar. Si algo le falta a la juventud de ahora (y esto va por mi propia experiencia docente), es la lectura; y de ahí su escritura. Leer y escribir es lo que eran las matemáticas para las generaciones anteriores, tal vez. No me extraña que no conozcan ni lo propio, como tampoco en el sur de Veracruz conocen tu trayectoria como poeta e intelectual. Desde luego, no somos solamente los maestros los que hemos fallado en este intento de despertar al mundo del sopor que los envara y malea sino la sacrosanta dirección de un Estado que se ha convertido en un ogro que sólo defiende sus propios intereses -como siempre. Los jóvenes de las épocas setenteras -aquellos que nos salimos del huacal tradicional- teníamos la fe en ‘la revolución’; pero los jóvenes de ahora no la tienen en nada, o quizá la tienen en la superficialidad de su mundo y sus haceres. No se vive de leer a Carner o a Orlando Guillén, han de pensar muchos. Pero sin ese otro sentido del mundo y de la vida que la literatura nos ofrece, difícilmente podríamos estar a gusto quienes ya estamos enterados de la importancia de leer y comprender el mundo de los otros a través de la literatura y la filosofía. En otro orden de ideas, leí tu texto "La una y dos colgando", donde criticas y exhibes a Juan Bañuelos. Gracias por haberme despertado del sueño. Según creía, el plagio era una acción para gentes de otro nivel o falsos estudiantes cuya incapacidad mental los lleva a obrar de ese modo. Pero plagiar a la altura en que se mueve Bañuelos me resulta increíble. Y sin embargo, ahí esta. ¿Cuántos más habrán crecido y obtenido premios y prestigios mediante este indebido obrar? Recibe un abrazo. Samuel Pérez García. DOS Y puesto que escribo esto bajo “la festiva, tonante, fantasmante y pirotécnica noche de san Juan en la estación verano catalana” (autocita que procede de la Introducción a mis «Doce poetas catalanes del siglo XX»), doy ahora de despedida, por compartir y por el puro gusto, y procedente de este mismo libro de libros, el original y mi versión del poema de Carner que lleva puesto el reclamo de la noche de hoy: NIT DE SANT JOAN Al clar de lluna plena, jo i l'amic cireres hem menjat a la porxada. Salta el foc en la nit enlluernada en recordança d'aquell drac antic que volia donzelles i donzelles... De sobte el drac s'esbalaeix, té por. Es perden riures, crits i cantarelles en una regolfada de tristor. L'amic i jo, les testes ajupides, eixim, i d'esma som guiats pel rec. Per enllà hi ha casetes resclosides plenes, tota altra nit, de mitges vides: les denes del rosari hi són dormides, hi és oscat el renec. Una finestra ben reixada estoja (en una casa d'on tothom eixí sinó ella) la boja, plena d'incendi en el seu cos mesquí. Era una dolça dona apiadada que mai havia entès la fosquedat, el desgavell terrible del pecat. La seva filla, antany, se n'és anada lluny, a la gropa d'un enamorat. La mare caigué en terra. En aixecar-se, s'havien envilit sos ulls serens; els ulls fiblant, la cabellera esparsa, cridava els homes amb udols obscens. Aquesta nit de Sant Joan l'abranda més que cap altra nit. Ja tot en el silenci va de banda, caliu esgarriat i goig marcit. I ella, exaltada en sa presó deserta per la gran solitud i el cel rogent, es bada tota al vent. Estranyament oferta, és un aspi d'horror: diu, de l'infern a les mateixes ribes, amb profètiques ires venjatives, el mal nom de l'amor. NOCHE DE SAN JUAN Bajo el claro de luna llena, yo y un amigo mío hemos estado comiendo cerezas en el portal. Salta el fuego en la noche deslumbrada en memoria de aquel dragón antiguo que doncellas y más doncellas quería... Súbitamente el dragón palidece: tiene miedo. Se pierden risas, gritos y murmullos en remolino remanso de tristeza. Mi amigo y yo, gachas las cabezas, salimos, dejándonos guiar por la corriente de los regadíos. Aquí y allá hay casitas de olor estanco, cualquier noche que no sea esta plenas de mediana vida: las cuentas del rosario están allí dormidas y roma está la blasfemia. Una ventana de fuertes rejas guarda (en una casa de la cual todos se han ido, menos ella) a la loca cuyo pobre cuerpo es un incendio. Era una mujer piadosa y tierna que nunca había conocido la oscuridad, el atroz desorden del pecado. Tiempo atrás su hija había huido lejos, a la grupa de un amante. La madre cayó a tierra. Al levantarse habíase envilecido su mirada serena: los ojos como aguijones, la cabellera revuelta, llamaba a los hombres con aullidos obscenos. Esta noche de San Juan la excita y prende como ninguna otra. Ya todo en el silencio va dejándola sola, rescoldo descarriado, y marchito gozo. Y ella, exaltada en su prisión desierta por la gran soledad y el cielo ardiendo, se ancha entera al viento. Extrañamente así ofrendada es un aspa de horror: en las orillas mismas del infierno con proféticas iras vengativas grita el alias, el apodo del amor.
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