domingo, 4 de octubre de 2009
Charles Baudelaire
(París, 1821 - 1867) Poeta francés. Huérfano de padre desde 1827, inició sus estudios en Lyon en 1832 y los prosiguió en París, de 1836 a 1839. Su padre adoptivo, el comandante Aupick, descontento con la vida liberal y a menudo libertina que llevaba el joven Baudelaire, lo envió en un largo viaje a las Antillas entre 1841 y 1842 (según algunas fuentes, podría haber llegado también a la India). De regreso en Francia, se instaló de nuevo en la capital y volvió a sus antiguas costumbres desordenadas.
Empezó a frecuentar los círculos literarios y artísticos y escandalizó a todo París con sus relaciones con Jeanne Duval, la hermosa mulata que le inspiraría algunas de sus más brillantes y controvertidas poesías. Destacó pronto como crítico de arte: el Salón de 1845, su primera obra, llamó ya la atención de sus contemporáneos, mientras que su nuevo Salón, publicado un año después, llevó a la fama a Delacroix (pintor, entonces, todavía muy discutido) e impuso la concepción moderna de la estética de Baudelaire. Buena muestra de su trabajo como crítico son sus Curiosidades estéticas, recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los salones, al igual que El arte romántico (1868), obra que reunió todos sus trabajos de crítica literaria.
Fue además pionero en el campo de la crítica musical, donde destaca sobre todo la opinión favorable que le mereció la obra de Wagner, que consideraba como la síntesis de un arte nuevo. En literatura, los autores Hoffmann y Edgar Allan Poe, del que realizó numerosas traducciones (todavía las únicas existentes en francés), alcanzaban, también según Baudelaire, esta síntesis vanguardista; la misma que persiguió él mismo en La Fanfarlo (1847), su única novela, y en sus distintos esbozos de obras teatrales.
Comprometido por su participación en la revolución de 1848, la publicación de Las flores del mal, en 1857, acabó de desatar la violenta polémica que se creó en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado. Sin embargo, ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra en 1861. En esta nueva versión aparecieron, además, unos treinta y cinco textos inéditos.
Letanias A Satan
¡Oh, tú, el más sabio y el más bello de los ángeles,
dios traicionado por la suerte y privado de alabanzas!
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Oh, príncipe del exilio, a quien se le ha hecho un agravio,
y que, vencido, siempre te levantas más fuerte,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que lo sabes todo, gran rey de las cosas subterráneas,
sanador familiar de las angustias humanas,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que, lo mismo a los leprosos que a los parias malditos,
enseñas por el amor el gusto del Paraíso,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que de la muerte, tu vieja y fuerte amante,
engendras la esperanza -¡una loca encantadora!
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que haces al proscrito esta mirada calma y alta
que condena todo un pueblo alrededor del patíbulo,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que sabes en qué ángulos de las tierras envidiosas
el Dios celoso escondió las piedras preciosas,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, en quien la mirada clara conoce los profundos arsenales
donde duerme amortajado el pueblo de los metales,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, en quien la larga mano esconde los precipicios
al sonámbulo errante al borde de los edificios,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú que, mágicamente, ablandas los viejos huesos
del borracho tardo atropellado por los caballos,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, que para consolar al hombre frágil que sufre,
nos enseñas a mezclar el salitre y el azufre,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, que pones tu marca, oh, cómplice sutil
en la frente de Creso despiadado y vil,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Tú, que metes en los ojos y en el corazón de las muchachas
el culto de la llaga y el amor de los andrajos,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Bastón de los exiliados, lámpara de los inventores,
confesor de los ahorcados y de los conspiradores,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
Padre adoptivo de estos que en su negra cólera
del paraíso terrestre ha expulsado Dios Padre,
¡Satán, ten piedad de mi larga miseria!
ORACIÓN
¡Gloria y alabanza a ti, Satán, en las alturas
del cielo, donde tú reinaste, y en las profundidades
del infierno, donde, vencido, sueñas en silencio!
¡Haz que mi alma un día, bajo el Árbol de la Ciencia,
cerca de ti repose en la hora en que en tu frente,
como un Templo nuevo, sus ramajes se extenderán!
- CHARLES BAUDELAIRE -



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